A principios del siglo XX, la población de estas sorprendentes aves, mitificadas por los indígenas de Canadá, Alaska y Groenlandia, se había reducido a tan sólo 3.000 individuos como consecuencia de la caza. Poco después, EE.UU. y Canadá prohibieron la captura de la mayoría de aves migratorias, incluida la del ánsar nival.
En la década de 1990, la recuperación era tal que se autorizó la caza del animal por parte de los inuit como fuente de alimento. Actualmente, como el censo supera los 800.000 individuos, en primavera se organizan cacerías selectivas para evitar la sobrepoblación.