Hace 5.000 años, los antepasados de los incas criaban estas <<ovejas murmuradoras>> y las consideraban un símbolo de riqueza. Durante los 4.500 años siguientes, la alpaca fue una piedra angular de la economía inca. Los conquistadores españoles la consideraron una competidora del ganado en relación a los pastos y le dieron caza para obtener carne.
Los incas exiliados se llevaron algunos ejemplares a las montañas, donde se originó una raza más agreste cuya excelente lana fue "descubierta" y comercializada por empresarios textiles de Occidente en el siglo XIX. Se dice que la lana de alpaca es la mejor del mundo: más suave que la seda, más cálida que el plumón, más fina que la cachemira y casi indestructible.